domingo, 12 de mayo de 2013

CHAPTER THREE


*NUEVE AÑOS DESPUÉS*
Ya era hora de que pudiera volver a casa definitivamente, como he odiado pasar estos nueve años de España a Flandes y de Flandes a España
-Alteza, ya estamos llegando
-Muy bien - le dijo al conductor del carro que llevaba de vuelta a la corte a Elena, su dama de compañía desde que tenía memoria, y a ella.
-¿Nerviosa, alteza?
-Un poco, Elena, no sé cómo me recibirá mi padre, cada vez tiene un humor diferente. - Elena se había convertido en su confidente, en su amiga, era como una madre para ella, siempre estaba cuando ella más lo necesitaba.
-No os preocupéis, alteza, volvéis a casa por fin, no lo olvidéis.
-vos también volvéis a casa, Elena - dijo ella con una sonrisa - aunque no sé por qué me da que no vamos a estar aquí mucho, que digamos
-¿por qué decís eso, princesa?
-no lo sé, Elena, pero tengo ese presentimiento

Para cuando llegaron a la corte, ya había anochecido y esa noche se celebraba el cumpleaños del hombre de confianza del rey, el cardenal de Toledo.
-Majestad, señores, señoras - interrumpieron - su alteza real, la princesa María de España - anunció. Acto seguido todos los presentes se levantaron para dar la bienvenida a la princesa mientras su padre iba a su encuentro
-Padre - dijo ella haciendo la reverencia
-Hija, me alegra verte por fin aquí. Luego hablaremos. Debes de estar cansada y hambrienta. 
-Cansada sí, pero no hambrienta, si me disculpan, me gustaría descansar y ver a mi hermana.
-Claro, Isabel está en sus aposentos
-Señores, señoras, si me disculpan - y se alejó de allí oyendo halagos hacia su persona y sobre lo buena reina que sería, cosa que a María no le hacía gracia en absoluto.

María llegó hasta la puerta de los aposentos de su hermana y llamó dos veces
-Adelante - dijo una voz desde dentro
-¿Me echabas de menos?
-MARIA! Has llegado antes!
-Lo sé, pequeña, tenía ganas de verte - su hermana pequeña era lo único que hacía que sacara su mejor sonrisa.
-Estás muy guapa, María. Y esto está muy aburrido sin ti...
-Y tú preciosa, como siempre. Y tranquila, que ya haremos algo para que esto no sea tan aburrido - dijo ella riendo levemente-. Por cierto, que me han dicho que falta poco para que alguien cumpla los doce años... - dijo ella con una sonrisa
-Sí! Pero... ¿este año vas a estar aquí?
-Claro que sí! Ya me he perdido muchos cumpleaños de mi hermana pequeña, ¡no voy a perderme ni uno más!
-Bien! - dijo la pequeña abrazando a su hermana-. Oye... María...
-Dime, Isabel.
-¿Tú sabes como es el príncipe Harry con el que me voy a casar?

María se quedó sorprendida, pues sí, lo sabía, lo sabía muy bien, pero no esperaba que su hermana le preguntara eso. A parte, hacía nueve años que no sabía del príncipe Harry.
-Bueno, yo la última vez que le vi, él tenía nueve años y yo siete... me imagino que habrá cambiado.
-Ah... - en ese momento llamaron a la puerta - adelante - dijo la pequeña
-Mis preciosas hijas - dijo el rey entrando por la puerta
-Hola, padre 
-María tengo que hablar contigo, espérame en tus aposentos.
-Sí, padre
-Isabel, a la cama, pequeña - dijo mientras de acercaba a ella y le daba un beso en la frente - hasta mañana - dijo y acto seguido llamaron a la puerta las damas de Isabel para acostar a la princesa.

La princesa María, de camino a sus aposentos  no paraba de recordar las últimas palabras que le había dirigido en príncipe Harry, nueve años atrás. Puede que ambos fueran muy pequeños, pero ella se acordaba a la perfección de lo que le dijo. Antes siquiera de darse cuenta, ya había llegado a la puerta de sus aposentos, donde la esperaba Elena.
-Princesa, debéis de estar agotada, deberíais acostaros
-Así, es, pero todavía no puedo acostarme, mi padre viene ahora hacia aquí, dice que debe de hablar con... - unos toques en la puerta no le dejaron acabar de hablar - Elena, abre, debe de ser mi padre - dijo y Elena se acercó a abrir la puerta
-Buenas noches, majestad
-Buenas noches, Elena. Si nos disculpas, tengo que hablar con mi hija.
-Por supuesto. Majestad, alteza - dijo y abandonó la estancia.
-María, será mejor que Elena no deshaga tu equipaje, te vas a Inglaterra mañana.

viernes, 29 de marzo de 2013

CHAPTER TWO


Mientras los dos reyes hablaban las condiciones para asegurar la paz entre ambos reinos al menos por otro siglo, los tres pequeños príncipes paseaban por el gran jardín de aquel pasillo. Los dos chicos hablaban sobre batallas, temas que a María no le interesaban en absoluto y no hacía más que resoplar por el aburrimiento.
-Princesa, ¿os aburrís?
-Sí, mucho.
-Bah, déjala, siempre se aburre, es una aburrida - dijo su hermano.
-Es normal que a una dama como ella no le interesen estos temas.
-No le interesan porque es una aburrida.
-Felipe, no me interesan porque las batallas son horribles, no hace más que morir gente.
-En eso lleváis razón, princesa, pero las batallas son necesarias para mantener la paz.
¿Cómo se va a mantener la paz con batallas, si las batallas forman parte de la guerra?
-Ay, María, porque siempre ha sido así.
-Pues no lo entiendo, ¿por qué tiene que ser siempre así?
-Porque sí, María
-Pues esa respuesta no me vale, Felipe.
-Es divertido ver como os lleváis, ¿todos los hermanos se llevan así?
-No, alteza, es mi hermano, que es inaguantable y no hace más que meterse conmigo.
-Pero porque eres muy preguntona!
-Si soy preguntona será porque tengo cuatro años! Tú también preguntas cuando no sabes algo.
-Pero no es lo mismo...
-Sí, sí es lo mismo.
-Arrrg, vale, tú ganas.
-¿Veis? Las batallas son necesarias para mantener la paz, en todos los sentidos -dijo Harry dando por finalizada la conversación.

*A la hora de la cena*
-Queridos nobles de Inglaterra, este es un día especial, puesto que es el día en el que aseguraremos la paz con el Imperio Español durante bastante tiempo. Y os preguntaréis, ¿cómo? Pues bien, acordando el matrimonio entre mi hijo, el príncipe heredero Harry y María, princesa de España, cuando esta llegue a la edad de 17 años - todo el salón aplaudía y asentía conforme con el acuerdo, puesto que esa unión haría que ambos reinos estuvieran en paz durante un largo periodo de tiempo. El príncipe Harry y la princesa María se miraron, sin entender muy bien que pasaba, puesto que a su corta edad, todavía no entendían que querían decir esas palabras. - También se ha acordado que a partir de ahora y en adelante, el rey Carlos y su familia vendrán a pasar una temporada aquí para que los príncipes se vayan conociendo.  Y sin más demora, a celebrar esta ocasión tan especial.

-Elena - llamó la princesa a su dama de compañía.
-¿Sí, alteza?
-¿Qué ha querido decir el rey Edward?
-Oh... que vos y el príncipe Harry os casaréis cuando vos tengáis 17 años.
-Oh... me parece bien. Me gusta el príncipe Harry.

Y así pasaron tres años, conociéndose y volviéndose inseparables cada vez que se juntaban. En ese periodo de tiempo, los reyes Carlos y Ana tuvieron otro hijo, una niña a la que llamaron Isabel, pero por desgracia, la reina Ana murió en el parto.

Una noche, estando el príncipe Harry y la princesa María paseando por castillo, corrieron a avisarles de que el príncipe Felipe, el hermano de María, había caído gravemente enfermo. Rápidamente los dos príncipes corrieron hacia la habitación donde se encontraba Felipe. Fuera de la habitación se encontraba el rey Carlos, con expresión de tristeza. Rápidamente su hija fue a abrazarla y él la estrechó entre sus brazos.
-Padre, se pondrá bien, ya verás.
-Eso espero, hija, eso espero.

Pasaban los días y el príncipe Felipe seguía enfermo, lo que le hacía al rey Carlos replantearse los acuerdos sobre el matrimonio de su hija y el príncipe Harry, puesto que María pasaría a ser la heredera y él no quería que ambos reinos se unieran. Finalmente, una noche el príncipe Felipe falleció, lo que hundió en una gran tristeza al rey, pues ya había perdido a su querida esposa casi dos años atrás. El rey Carlos, nada más enterarse de la noticia, tomó una decisión y se la comentó al rey Edward.
-Edward, quiero hacer un cambio en el acuerdo.
¿Ahora? Vuestro hijo acaba de morir y queréis modificar el acuerdo, un acuerdo que lleva firmado tres años, ¿ahora?
-Sí, es de suma importancia. Vuestro hijo no se casará con María, sino con mi hija Isabel.
-Bueno, si es lo que deseáis... tampoco cambia nada. Así será.
-Muy  bien, y ahora, si me disculpáis, le diré a mis sirvientes que preparen nuestro equipaje, saldremos mañana hacia España para poder enterrar a mi hijo.

Y así fue, mandó a todos los sirvientes preparar el equipaje apresuradamente mientras la princesa María protestaba que no se quería separar todavía del príncipe Edward. La mañana siguiente fue la mañana de las despedidas. En el viaje, el rey habló con su hija.
-María, espero que te hallas despedido como es debido, porque tú no vas a volver. Y no protestes - dijo viendo la cara de su hija - ahora serás la heredera e irás a Flandes con tus tíos para que te eduquen para ser una auténtica reina.
-Pero padre, yo no quiero, yo quiero quedarme aquí y casarme con el príncipe Harry.
-No protestes, María, ya no eres una niña, y tampoco te casarás con él, tu hermana lo hará. Y no hay más que hablar. - dijo dando por terminada la conversación.

Nada más llegar a tierras españolas, la princesa María puso rumbo a Flandes, sin demora, pues ya la estaban esperando. En su interior, María se preguntaba cuanto más iba a durar ese vacío que se formó en su interior cuando supo que no se casaría con el príncipe Harry, lo que no sabía, es que no se iría, ni por su parte ni por parte de Harry, pues ambos adivinarían que pasar tres años juntos, los había unido más de lo que la gente esperaba.

lunes, 21 de enero de 2013

CHAPTER ONE


-María, hija, ven aquí.
-¿Sí, padre?
-Ahora que vas a celebrar tu quinto cumpleaños había pensado que nos podíamos ir a la costa norteña, a celebrarlo allí con unos amigos importantes.
-Claro, padre
-Esa es mi...
-¡Majestad!
-No veis que estoy con mi hija, venid en otro momento
-Perdón, majestad, princesa, pero ha llegado una carta desde Inglaterra, es del rey Edward.
-Haber empezado por ahí. Lo siento, María, pero tengo asuntos que atender.
-Claro, padre.
-Alteza - dijo aquel misterioso hombre que siente molestaba a su padre. La princesa María tenía tan solo cuatro años de edad y pese a ello, se comportaba ya como una adulta, sabía hablar inglés, no muy fluido, puesto que tenía cuatro años, lo que, en resumen, era normal, puesto que era la princesa del Imperio español, pero pese a ello, no la heredera. El heredero era su hermano mayor, Felipe, quien era dos años mayor que ella y muy protector con su hermanita pequeña. Ese año, iba a ser el primero que toda la familia real española pasara un tiempo fuera de las fronteras del reino. El rey de Inglaterra, Edward, les había invitado a pasar unos días en su Castillo de Herstmonceux, para así el rey Edward de Inglaterra y el rey Carlos de España trataran unos asuntillos para poder garantizar por un tiempo la paz entre ambos reinos.

El día en el que partirían hacia Inglaterra llegó, tal y como había acordado ambos reyes. Para cuando llegaron, habían pasado cinco días desde que partieron de la corte y tanto Felipe como María, estaban ansiosos por conocer a la familia real inglesa, el rey, ansioso por concluir las negociaciones que les habían llevado allí y que con un poco de suerte les llevarían varios años y la reina, ansiosa por visitar otros lugares, por descansar de la agobiante vida en la corte.  Nada más desembarcar, les recibió un comité de lujo, que les escoltaría hasta el castillo de Herstmonceux, la residencia de verano de la familia real inglesa. El camino fue corto, puesto que el castillo se encontraba a escasos kilómetros del puerto. Al llegar al castillo, el rey Edward les recibió con los brazos abiertos.

-Carlos, viejo amigo, bienvenido - dijo mientras se daban un cálido abrazo - majestad, estáis bellísima - dijo refiriéndose a la reina Ana - y... ¿qué tenemos aquí? Vos debéis ser el pequeño Felipe.
-Majestad - dijo él haciendo una pequeña reverencia.
-Y vos, debéis ser la bellísima María, os parecéis a vuestra madre, princesa.
-Majestad - dijo ella haciendo el mismo gesto que su hermano.
-Pero no os quedéis ahí, entrar - dijo haciendo el gesto con la mano para invitarles a entrar -vosotros, coger sus pertenencias y dejarlos en sus aposentos.
-Elena... ¿dónde vamos? -dijo María a su dama de compañía, aquella que había estado con ella desde el momento en que nació, literalmente, que siempre la acompañaba.
-Vamos a reunirnos con el resto de la familia real, alteza.
-¿Y cuántos más son? ¿Hay también una niña de mi edad? - dijo la princesa emocionada.
-No, princesa, hay un niño un año o dos mayor que vos - dijo ella mostrándole una sonrisa - mira, creo que estamos llegando.

Y así era, habían llegado a una gran sala con dos tronos, en uno de los cuales estaba sentada la reina Katherin, a cuyo lado se hallaba el joven príncipe Harry.
-Rey Carlos, un placer volver a verlos. Reina Ana, altezas - dijo la reina con su expresión impasible.
-Majestad - dijeron todos los miembros de la corona española. Después, la reina miró a su hijo reprochándole - Harry, saluda como es debido.
-Majestades, altezas - dijo, no muy contento de su presencia allí. La tensión era palpable en el ambiente excepto para Felipe y María, que parecían ser los únicos que no sabían que pasaba allí.
-Buen o, bueno, una vez hechas todas las presentaciones, Carlos, creo que tenemos unos asuntillos que tratar, si nos disculpáis, y mientras, vosotros tres - dijo refiriéndose a HArry, María y Felipe- salid fuera y conoceros mejor - y ambos reyes desaparecieron tras una puerta, a tratar esos "asuntillos" que les habían llevado allí.

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Bueno, bueno, hola ^^ aquí @Andrylovejustin con el primer capítulo de esta novela que no es nada de lo que yo halla visto hasta ahora y que espero que os guste (: intentaré subir todo lo rápido que 2º de bachillerato me permita, aunque por el momento tengo sólo 5 capítulos escritos... (: y eso, que si queréis que os avise decírmelo por aquí o por twitter, disfrutar y comentar, que eso me motiva mucho ^^ muuuaks